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La historia de Béatrice y Roméo

La historia de Béatrice y Roméo

La historia de Béatrice y Roméo:  
aprender a leer para prevenir el trabajo infantil 

 

«Cuando venían las clientas, no tenía ni idea de cómo tomarles medidas. Mis padres no me llevaron a la escuela. No sabía leer. Ni siquiera sabía escribir mi nombre».  
– Béatrice, costurera 
Costa de Marfil 

Cuando Béatrice abrió una pequeña tienda y negocio de confección de ropa, no sabía leer ni escribir. Tras participar en un programa de alfabetización materna de Nestlé, tiene las aptitudes necesarias para que su tienda sea un éxito. Ahora está enseñando a su hijo Roméo a leer y escribir, lo que ayudará a evitar que sea vea obligado a realizar prácticas peligrosas de trabajo infantil. 

Con una población de alrededor de 10 000 habitantes, la mayoría de los empleos en el pueblo de Béatrice están relacionados con la agricultura. Sin embargo, el pueblo es lo suficientemente grande como para sostener otros tipos de trabajo, y Béatrice decidió que regentar una tienda era más adecuado para ella. 

Desde un comienzo humilde 

Al principio, vendía cosméticos, en una modesta tienda montada en el porche de su casa, para comprar e instalar una máquina de coser. Como era una excelente modista, la gente de todo el pueblo empezó rápidamente a acudir a ella para que les hiciera arreglos y les confeccionara vestidos. 

Pero había un problema. Béatrice no sabía leer, lo que hacía que llevar su negocio le resultara muy difícil. 

Superar las barreras culturales 

Su caso no es nada excepcional. En casi todos los pueblos productores de cacao de esta región del país, existe un alto nivel de analfabetismo y la mayoría de los adultos no han ido a la escuela. Además, el hecho de ser mujer reducía aún más las posibilidades de recibir una educación formal.  

«Muchas veces no se consideraba necesario enviar a todos los niños a la escuela», afirma Nathan Bello, director del Nestlé Cocoa Plan en Costa de Marfil.   

«Tradicionalmente, se animaba a las niñas a centrarse más en adquirir habilidades domésticas en casa. En cuanto al acceso a la educación superior, las niñas también suelen casarse jóvenes. Por lo tanto, existe un lastre cultural que impide que las niñas accedan a la educación con la misma facilidad que los niños».  

Los efectos acumulados de la alfabetización materna 

Además de tener más opciones profesionales y de estilo de vida, es menos probable que las mujeres que saben leer y escribir permitan que sus hijos realicen trabajos peligrosos. Mejorar la alfabetización de las mujeres tiene un efecto positivo a la hora de reducir el trabajo infantil peligroso para sus familias.  

A pesar de carecer de educación formal, Béatrice descubrió que tenía otras opciones. «En enero, una amiga me dijo que había un nuevo curso para mujeres adultas en el que podía aprender a leer y escribir. Así que fui y me apunté». 

Aprender entre generaciones 

La clase a la que se había apuntado Béatrice era un nuevo programa de alfabetización para mujeres creado por el Nestlé Cocoa Plan. Esta fue una buena noticia para Romeo, el hijo de 12 años de Béatrice. 

Como explica Nathan: «todas las medidas que tomamos están diseñadas para reducir el riesgo de trabajo infantil». Las clases de alfabetización para mujeres son, en realidad, una actividad preventiva. Esperamos que reduzcan la probabilidad de que los niños realicen actividades peligrosas y que esto aumente la probabilidad de que vayan a la escuela». 

Béatrice solo lleva un año aprendiendo, pero ya afirma que las nuevas aptitudes han supuesto un gran cambio en su vida. 

«Ahora que he empezado a aprender a leer y escribir, puedo tomar medidas y anotarlas. Puedo escribir el precio en los productos de mi tienda. Cuando mi hijo vuelve del colegio, puedo coger su cuaderno y ver cómo lo está haciendo». 

Palabras de ánimo 

También la ha hecho más optimista respecto al futuro. Ahora que tanto ella como su hijo están aprendiendo a leer, siente que las perspectivas de su hijo son muy diferentes. 

«Yo no fui a la escuela, por eso para mí ha sido más difícil. Ojalá que mi hijo tenga la oportunidad de tener una profesión, como médico o algo parecido».  

Todo esto lo dice una mujer que el año pasado todavía soñaba en silencio con saber escribir su propio nombre algún día. «Ahora sé», afirma con orgullo.